22 de agosto 2026 23:30 hrs
Querida Emma:
Estoy aquí, viviendo igual que siempre.
No puedo dejar de pensar que mi vida debería ser otra, que tendría que haber vivido algo especial. Pero, no ha llegado nada asombroso, o si? ¿Me quedará suficiente tiempo?, tengo 7 décadas de vida y sigo esperando algo
«maravilloso», tal vez nunca va a llegar y aún así sigo insistiendo.
He luchado toda mi vida por hacerlo todo bien, demasiado bien diría yo, tanto que la perfección casi mata mi creatividad. No es que quisiera ser la mejor, sino que quiero esperar lo mejor de la vida. ¿Será por eso que aún permanezco despierta por la noche?, ¿será que me cuesta dormir mientras aguardo a que sucedan cosas emocionantes, superlativas, impensables? Ya desde niña lo esperaba y sigo haciéndolo.
¿Será tal vez que esto es lo más que voy a obtener después de todo?; solo me he cansado de esperar, no de vivir por supuesto, pero estoy siempre a la espectativa y no pasa nada.
Claro que he tenido una vida bastante buena, excelente diría yo. Mi matrimonio pasó por muy buenos momentos, aunque confieso que debí de haber sido más paciente, debí haber buscado más tranquilidad para aprovechar cada momento. También hubiera querido ser una excelente mamá, extraordinaria, fabulosa… pero creo que mi trabajo en esa área dejó mucho que desear. Podría haber disfrutado mucho más a mis hijos, haberlos amado más, consentido más, abrazado más, ¡besado mucho mucho más!
Pero siempre con mis orígenes a flor de piel, con las raíces de mi infancia y adolescencia, con mis miserias, traumas y errores de siempre, arrastrando mi genética y mi aprendizaje más allá, hacia donde pude haber modificado todo, pero no lo hice… y no, no digo que mis progenitores hayan tenido la culpa de mi carácter; aquí es donde, en otras circunstancias, me insultaría a mi misma, pero no lo voy a hacer aunque verdaderamente tomo nota de que mi entorno me hizo de esa manera; no me disculpo, no.
Pero es que debí de haber sido más lista, más inteligente, más auténtica para echar a un lado todo lo aprendido lo menos bueno, por supuesto y buscar ser mejor cada día, elegir ser feliz a mi manera, distinguir más nítidamente el camino que me llevara al éxito personal y familiar, más que al profesional.
Si volviera a vivir que sé que no es posible desde luego, pero si eso ocurriera, me gustaría mantener la memoria de esta vida para cambiar lo que ahora me pesa. Sé que tal vez modificando lo que considero que no fue bueno, seguramente cometería otros errores, no lo se, pero lo intentaría definitivamente.
Que memoria la nuestra que a esta edad se acuerda una mucho del pasado y de lo que quiere olvidar. ¡Cómo me hubiera gustado ser mejor hija, mejor hermana, más amorosa y paciente, más humana! No estuvo muy mal, pero podría haber estado mucho mejor, absolutamente si.
Y ni hablar de mi desempeño como esposa y como madre, no hay duda de que lo volvería a repetir pero ahora con el amor a flor de piel, listo para expresarse ampliamente, para entregarlo incondicional, entero, completo, sin medida, sin dudas… ¡Oh! cómo recuerdo pasajes negativos, cómo sufre mi corazón con respuestas incómodas, ridículas, fuera de lugar. ¡Ouch! que mal sienta evocar esos puntos específicos de mi figura como hija, como esposa y como madre. Se que no debo repasar esas imágenes de mi pasado; no lo puedo modificar y por lo tanto, de nada sirve recordarlo una y otra vez.
¿Por qué la conciencia llega tarde?, ¿es demasiado pedir no expiar tales culpas? Si ya no tiene remedio ¿para qué insistir en lo mismo? Es muy sencillo, porque el pasado ahí está, ocurrió, fue, no es posible eliminarlo; solo hay que pasar página, aceptarlo sin remedio, asimilarlo y perseverar en perdonarse de una vez y para siempre.
Es más facil decirlo que practicarlo; la verdad es que una puede convencerse de ello pero al poco tiempo volveremos a caer en la propia trampa; recriminarnos infatigablemente hasta convertirlo en una triste condena y repetir el juicio con todos los agravantes, con más imprudencia, precipitación y ligereza, y con poquísima o nula misericordia o piedad.
Así somos algunos mortales, mi querida Emma.
Recibe un gran abrazo con mi cariño de siempre.
Lilly
