26 de agosto 2026 22:30 h
Querida Emma:
Ahora me pregunto: ¿cuál es el límite de un ser humano para reinventarse?, ¿es el tiempo?, ¿es el esfuerzo personal?, ¿es la edad?, ¿será el sexo? Realmente una persona puede renacer, transformarse y resurgir de sus cenizas o ¿solo ocurre en la ficción?.
Yo no he conocido a nadie tan extraordinario que haya hecho tal hazaña.
¡Claro que tampoco conozco a medio mundo!, pero realmente no he escuchado o sabido de nadie que lo haya hecho en la vida real.
¿Es la escencia de un individuo la que puede transformarse en otro, sin, de hecho, ser otro?…
Resultaría extraordinario poder cambiar todos nuestros defectos, acciones, costumbres, cultura, creencias y lo que sea que esté implicado en tal renovación. Podría llevarse a cabo solo con desearlo intensamente o con intentarlo desde el fondo de nuestro ser o nuestro corazón, ¿o no?.
Sería demasiado bajo el precio a pagar por enmendar nuestra forma de vivir. En realidad tal esfuerzo no sería nada comparado contra la gran modificación que estaríamos haciendo en nuestra existencia.
Para que una persona pueda realmente generar ese reemplazo, aunque me parece que estamos ante una predicción negativa, será necesario desear verdaderamente cambiar, ¿no?; conmutar nuestra esencia y no regresar al antiguo «yo». Dejar atrás todo y empezar una nueva vida. Transmutar nuestro proceder. Eso desde luego implicaría alterar también el carácter o la personalidad, o ambos.
Pero un alto porcentaje del temperamento proviene de una predisposición genética, por lo que me pregunto, ¿qué tanto podría cambiarse? La verdad es que creo que muy poco. Este rasgo se destaca por su heredabilidad, por representar la identidad de una persona; es su impronta, su sello, su rúbrica, la condición de innato en un individuo. En realidad modificarlo ¿implicaría reprimirlo, atarlo o esconderlo?
Tremendo esfuerzo tal vez implicaría flaquear en el momento más inesperado. Es seguro que las reacciones innatas y lo que representa esta característica, encontrarían su camino al exterior por entre las grietas del nuevo polish, de la nueva corteza.
De manera que no, no creo que sea fácil modificar nuestro temperamento.
Estoy suponiendo que reinventarse implica voluntad, esfuerzo y coraje; que no se trata de magia o sugestión; ya que no implica ser «otro».
Tendríamos que generar nuevas inclinaciones relacionadas a la disciplina, la curiosidad, la sociabilidad, la confianza y la sensibilidad que son algunas de las facetas de las 5 o 6 dimensiones de la personalidad, que junto con el temperamento contribuyen a formarla. ¡Una labor titánica en realidad!, un malabarismo espectacular, inextricable y escabroso, ya que la modificación de un aspecto, forzozamente nos llevaría a moderar o expresar una o dos, o todas las demás. Sin embargo, las experiencias, el aprendizaje social y el desarrollo cognitivo a los que nos exponemos en la vida, también contribuyen a definir nuestra personalidad.
Pero entonces, ¿podríamos cambiar nuestras experiencias de vida?, ¿o serían esos mediadores los que precisamente nos inspirarían para reinventarnos? Sería ese conjunto de aprendizajes los que nos respaldarían al elegir una nueva hechura ¿cierto? Si esto es así, luego nuestro carácter se vería modelado por ese distinto yo, renacido y renovado, con nóveles pero sólidos valores, con una impoluta moral y una ética inmaculada; que se supone han respondido todos a nuestra entera voluntad, esfuerzo y coraje.
Pero es obvio que no cualquiera podría hacerlo, no.
¿Cuánto tiempo nos tomaría recorrer ese azaroso camino?, ¿qué malhadado afán nos obligaría a realizar semejante proeza?, ¿cuál sería esa razón irrebatible por la que debiéramos sustituirnos?.
No, no y mil veces ¡no!, esa voluntad, esfuerzo y coraje debieron de bastar para tomar mejores decisiones desde un inicio. O es que a través de esa renovación vamos a condenar el pasado a cenizas. Dónde quedaría la responsabilidad por nuestros actos. ¿Es borrón y cuenta nueva? No lo creo.
Y no es un ardor efímero y apasionado el hacer pagar nuestras culpas. Todos podemos equivocarnos, pero todos tenemos conocimiento de ello y podemos determinar si obramos bien o mal. Siempre somos conscientes de nuestras acciones, tenemos memoria y nuestro ser pensante puede ejercer juicios de valor; de manera que todos elegimos ser o no ser tal y como somos. Debemos trabajar en ser mejores, si, pero reinventarnos, de verdad?… no lo creo.
O tu… ¿qué opinas?
Recibe un gran abrazo y mi cariño de siempre!
Lilly
